MALAS COMPAÑÍAS

MALAS COMPAÑÍAS

Cuando vayas al gimnasio, estas son las cosas que no debes aprender de los cachas que lo habitan

A veces les admiras y otras... todo lo contrario. Los cachas, esa especie que frecuenta la sala de musculación de tu gimnasio, son un modelo para ti pero también un catálogo de cosas que no debes hacer.

Los cachas del gimnasio
Los cachas del gimnasio | Pixabay

Recordarás 'Fama', aquella mítica serie de los 80 en la que la profesora Linda Gray decía eso de “la fama cuesta”. Si modificamos la frase y la adaptamos al mundo del fitness, quedaría algo así como “tener cuerpazo cuesta”. Tú das fe de ello.

Observas cómo poco a poco vas progresando y físicamente te pareces más a los cachas que ves en el gym, ¡pero cuidado!, es importante que no se te pegue lo malo. No hay que generalizar, no todos los fuertotes que te encuentras son así, pero seguro que reconoces estos comportamientos en algunos de los que entrenan en tu gimnasio. Estas son las cosas que no debes aprender de ellos.

Soltar las pesas en la última repetición dejándolas caer al suelo

Mientras tú levantas unas mancuernas de diez kilos con tus bíceps al borde del fallo muscular, el cachas de al lado tiene agarradas dos pesas de 25 kilos cada una. Está fuertote pero, aún así, ves que le cuesta lo suyo.

Llegada a la octava repetición decide soltar las pesas y ¡sálvese quien pueda!, apartas un pie velozmente. Es en esa situación cuando te sientes invisible. “¿Pero es que este tío no se da cuenta de que estoy al lado y podía haberme aplastado la pezuña con una pesa?”, te preguntas atónito mientras acaricias tu extremidad sano y salvo. Pues, o está tan ensimismado que no se entera o al cachas le da exactamente igual que haya gente alrededor y solo le importa su masa muscular.

Emitir gruñidos exagerados al entrenar

Anonadado, así te quedas al escuchar los sonidos que emiten algunos en tu gimnasio cuando se ponen manos a la obra con su entrenamiento de musculación. Cuando lo cuentas, tus amigos dicen que eres un exagerado. ¡Ay, si ellos supieran! A veces no sabes si estás en la selva o en una película porno porque esos gruñidos y gemidos no son normales. Vale, levantar grandes pesos conlleva hacer un gran esfuerzo, pero los alaridos que escuchas, incluso desde los vestuarios, consiguen ponerte los pelos de punta a ti y a medio gimnasio.

Dejar las pesas tiradas por la sala de musculación

Puede que el cartel que pide que, por favor, se dejen las pesas en su sitio una vez que se hayan usado, esté impreso en una tinta que solo pueden ver tus ojos; o puede que los cachas de tu gimnasio hablen otro idioma distinto al que viene ahí y no entiendan absolutamente nada de lo que pone en el letrero. Pues no, ni lo uno ni lo otro.

Ya ves, a pesar de estar muy fuertes para levantar grandes kilos, al finalizar sus ejercicios dejan todas las pesas desparramadas por la sala. Sin embargo tú, que otra cosa no, pero ordenado eres un rato y que ya estás acostumbrado a luchar en casa contra el caos de tus compañeros de piso, te postulas como aspirante a ponerte bien fuerte porque, además de bordar tus series de ejercicios, lo dejas todo bien recogido después de usar el material.

 

Ocupar varias máquinas a la vez

Algunos fans de las superseries no cuentan con que en el gimnasio hay que compartir. Y es que, a veces te da la sensación de que los cachas están jugando al Twister con las máquinas de musculación porque son capaces de ocupar varias al mismo tiempo: un brazo aquí, una pierna allá, una mano allí...

Pueden llegar a utilizar tres o cuatro aparatos casi a la vez con ayuda de sus amigos. Y claro, tú, que solo quieres hacer tu ejercicio rápidamente y seguir con tu vida, no ves el momento y te gustaría que hubiese un sistema para coger turno como en la pescadería.

Mirar por encima del hombro

En el gimnasio, cada uno levanta el peso que puede y que quiere. Resulta ridículo que alguien pueda creerse mejor que otro por ponerle más discos a la barra en el press de banca, ¿verdad? Sin embargo, hay miradas que hablan y a veces percibes cómo algún cachas mira con cierta superioridad a un principiante que hace lo que puede por sacar adelante su ejercicio de pectorales.

Mirar por encima del hombro no aporta nada. Lo que sí que es útil es, por ejemplo, corregir de forma respetuosa a alguien que esté haciendo erróneamente un ejercicio para evitar que se lesione y ayudarle a conseguir su objetivo.

Dejar todo encharcado de sudor como si hubiese pasado una babosa por el gimnasio

Tu club está lleno de carteles que dejan bien claro que es obligatorio utilizar una pequeña toalla al sentarse en los bancos y máquinas a hacer los ejercicios. Aún así, muchos hacen caso omiso y cuando llegas, ¡puaj!, te encuentras con unos charcos de sudor que a veces consiguen que, directamente, pases de hacer el ejercicio.

Desconocemos si lo hacen para marcar el territorio o si querrán dejar una prueba de la grasa que han quemado, sin embargo, lo que si está claro es algo: da bastante asquete. Usa siempre toalla, no estás solo en el gimnasio.

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