RUTAS POR LAS PROCESIONES CAÑISES

RUTAS POR LAS PROCESIONES CAÑISES

¿Dónde salir a correr por algunas de las ciudades con más pasión por la Semana Santa?

Espiritualidad, silencio, torrijas, clavos ensangrentados y diez millones de desplazamientos. Ante este impactante marco, te recomendamos por dónde podrás salir a correr sin que te persigan los Saduceos o los mismísimos Romanos.

Procesión de Semana Santa
Procesión de Semana Santa | Wikipedia

Zamora

Uno de los nuevos destinos turísticos para la semana de pasión es Zamora. Su procesión del silencio hiela la sangre, seas creyente o ateo recalcitrante. ¿Montó tu pareja la excursión como sorpresa y no sabes bien dónde echar unos kilómetros?

Bien. Si te encuentras en la ciudad del Duero y encuentras el río machadiano entre las posibles nieblas de abril, nada más fácil. Coge cualquiera de las cuestas del casco histórico hacia abajo.

No te sorprendas si en cada esquina o plaza te topas con una iglesia románica. Zamora es una desconocida también de día.

Una vez en el río puedes aparcar el coche en el polideportivo. Para ducha posterior y refrigerio. Desde la orilla de la ciudad puedes ir río arriba al parque de los Tres Árboles y continuar por el margen.

Al regresar, optar por cruzar a la otra orilla por el puente medieval o seguir río abajo hasta decidir si a tus piernas les apetece escalar a la catedral románica. Es una ciudad pequeña y manejable.

Sevilla

¿No vas a ir a Sevilla a su archiconocida Semana Santa? Si has conseguido alojamiento has hecho lo más complicado. Ahora, mientras el Santísimo Cristo de la Salud, María Santísima de la Luz en el Misterio de sus Tres Necesidades y Ntra. Señora del Mayor Dolor en su Soledad descansan, aprovecha las mañanas.  Dos opciones. Llamémoslas la del río y la de Hércules.

El río. Trota hasta cualquiera de los puentes que te conecten al río de los ríos. Por la orilla de la Torre del Oro, para aclararnos, podrás enlazar carriles para bicicleta, aceras y paseos en los antiguos embarcaderos hasta el Parque de Maria Luisa, por un extremo, y el Alamillo y la Cartuja por el otro.

Es imprescindible que un tramo lo hagas cruzando a Triana. A primera hora meterse por el silencio de las calles Betis y Pureza es una experiencia diferente. Lleva un billete de cinco y para a un cafelito reparador en San Jacinto y regresa caminando a tu hotel. Te lo habrás ganado.

Hércules es la Alameda que se tiró tanto tiempo olvidada. Está hacia la zona de la Macarena. No parece la misma ciudad y apenas se huele el influjo del río. Corre por las callejas que forman esa cuadrícula. Ve y vuelve por Teodosio, Santa Clara o Jesús del Gran Poder.

Si no te has levantado muy pronto ya verás movimiento en la plazuela de San Lorenzo, uno de esos rincones ocultos de la ciudad. La iglesia de San Lorenzo puede ser un buen comienzo en tu ruta.

Sus colores sangre y albero resumen mucho del sentir de Sevilla. La tienes a cien metros de la Alameda de Hércules. Por cierto, data de 1574 y es el parque abierto al público más antiguo de España y Europa.

Y, si te pilla una Semana Santa de calor, hay instaladas unas fuentes abiertas por donde podrás correr entre géiseres.

Las Turbas, Cuenca

De joven se llevaba mucho la procesión de los borrachos. Pero uno crece y el turismo se refina y os tengo que recomendar su antagonista religiosa. Al amanecer, el escándalo es tremendo, a la salida del Miserere.

Se abren las puertas de la iglesia del Salvador para recibir las imágenes y, de pronto, se hace un silencio impresionante en las turbas. De todos modos, si queréis salir de marcha por la ciudad del Huécar, adelante. Si luego sois capaces de salir a correr, en cualquiera de los casos, os diré por dónde.

Lo viejo, en lo alto, es corrible si subes desde el puente del Júcar al lado de la calle Colón. Por la senda, río arriba, puedes dejar atrás, de momento, la ciudad. Cuando te aburras de la hoz, regresa sobre tus pasos hasta el puentecillo ondulado de madera.

Salta el Júcar y asciende hacia el Santuario de las Angustias (cartel indicativo). Todo arriba hasta que el corazón se salga por la boca. Llegas a la trasera del arco de la muralla.

Toma aire hasta llegar unos doscientos metros más allá, al aparcamiento. Ahí tienes el gran mirador de Cuenca. Sal del tramo de tierra hacia el panel de madera indicador y encontrarás, a tu izquierda abajo, una senda que te tira en zigzag hacia la otra hoz, la del Huécar.

Por el arroyo adelante (Paseo del Huécar, calle Tintes) regresarás a la confluencia de ambos ríos, dentro de la ciudad. Cuando llegues al parque Huécar lo verás. El comienzo de tu ruta está a la izquierda, en la calle Colón.

Mientras, Cuenca está aún adormecida. Es lo que llevas de ventaja al viernes. Santo.

Luis Arribas | @_spanjaard | Madrid | 27/03/2015

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