IDEAS NEFASTAS

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Las cinco cosas que NO deberías hacer después de salir a correr

El cansancio te puede y aunque lo más cómodo en ese momento sería tirarse en el sofá a ver la tele o tomar una cerveza en algún garito, distan de ser las opciones más recomendables.

No quitarte la ropa mojada cuanto antes es un craso error
No quitarte la ropa mojada cuanto antes es un craso error | Koldo Larrea

Salir a correr se ha convertido en todo un estilo de vida. La flexibilidad horaria para practicarlo, la escasa inversión necesaria y el bienestar que proporciona esta actividad física hace que cada sea mayor el número de personas que se unen a la comunidad del running. Sin embargo, son todavía muchos los runners que desconocen qué deben y NO deben hacer después de una sesión de entrenamiento.

No quitarte la ropa sudada

Sabemos que estás agotado después de salir a correr y te da una pereza tremenda pegarte una ducha y cambiarte de ropa nada más acabar tu sesión de entrenamiento. En ese momento sueñas con quedarte tirado en el sofá para reponer fuerzas o incluso te sentarías en la terraza de algún bar para disfrutar de una cerveza espumosa y bien fresquita ¡La verdad es que te lo has ganado! Sin embargo, lo más recomendable es que destierres esa idea de tu cabeza.

No seas guarro. Esa ropa empapada en sudor (zapatillas de running incluidas) es el caldo de cultivo perfecto para que las bacterias y los gérmenes hagan de las suyas para que cojas un resfriado o pilles un gripazo en esta época del año.

Por eso, lo mejor que puedes hacer es ducharte cuanto antes y vestirte con ropa limpia. Si no puedes asearte de inmediato, al menos quítate las prendas mojadas y ponte prendas secas para que tus músculos entren en calor.

No comer lo primero que pilles de la nevera

Tras semejante derroche de energía lo último que te apetece llevarte a la boca es una ‘triste’ pieza de fruta, algunas lonchas de jamón york /pavo o un yogur desnatado. Con la de calorías que has quemado, te merecerías comerte por lo menos… ¡media tableta de chocolate! Pero si no quieres tirar por la borda todo lo que has logrado es mejor que optes por algún refrigerio un poco más saludable que incluya algo de proteínas y algún carbohidrato para reponer parte de la energía consumida durante la actividad física.

No realizar tareas pesadas

Llegas a casa y, a pesar de encontrarte algo cansado, te sientes fenomenal, con suficiente fuelle –como consecuencia de la liberación de endorfinas provocada por el ejercicio y que proporcionan bienestar- para realizar algunas tareas domésticas (por ejemplo, cargar con la compra del supermercado) que tenías pendiente pero que requiere un esfuerzo considerable.

Lo más sensato y prudente es que dejes eso para otro momento. Tus músculos están fatigados y deshidratados. Necesitan un margen de tiempo para recuperarse. Si te pones a levantar pesos ahora lo único que lograrás es lesionarte. Y no queremos, eso.

No apoltronarte en el sofá

Concederse un tiempo de descanso para reponer fuerzas es fundamental, pero otra cosa bien distinta es quedarte atrapado en la butaca o en el sofá de casa viendo la televisión o chateando por Whatsapp hasta el día siguiente. Realizar algún tipo de ejercicio light después de practicar running es sumamente beneficioso para tu organismo. Aprovecha para hacer algún recado caminando y que no requiera grandes dosis de energía. Otra magnífica alternativa es realizar en el salón de casa algunos estiramientos para recuperarse del esfuerzo y evitar posibles lesiones.

No dormir el tiempo suficiente

Estudios, trabajo, familia, deporte, ocio online y offline… Obligaciones y devociones. Esta sociedad moderna en la que vivimos muchas veces nos impide dormir las ocho horas de marras que aconsejan los gurús de la salud desde tiempos pretéritos.

Tu cuerpo, al igual que la batería de tu smartphone, necesita recargarse por las noches para funcionar a tope al día siguiente. Por esta sencilla razón, si trasnochas y no descansas lo suficiente acabarás pagándolo tarde o temprano. Procura acostarte y levantarte cada día a la misma hora. Aunque al principio te cueste conciliar el sueño (leer es un buen antídoto), poco a poco tu cuerpo se irá acostumbrando. Hasta tal punto que no te hará falta ni despertador.

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