No lo entiendes. Durante el día procuras mantener una dieta equilibrada, cenas más bien poco y te pasas por el gimnasio al menos dos días a la semana, pero tus kilos de más van en aumento y las grasas se acumulan en tu abdomen y muslos como si no hubiese un mañana. ¿Y si los errores los cometieses desde que sales de la cama? ¿Te has planteado alguna vez lo importante que son tus rutinas mañaneras para determinar la efectividad de tus actividades posteriores? Toma nota y aprende a poner solución a los madrugadores fallos que están destruyendo tus esfuerzos por perder peso.

1. Duermes demasiado. Lo sabes: un sueño reparador y de calidad mantiene los niveles de cortisol –la hormona del apetito– bien controlados y nos ayuda a perder peso. Pero cuidado con pasarte.

Dormir más horas de las que debes puede ser el responsable de que acumules unos kilitos de más, querido perezoso. Y no precisamente porque el tiempo de más que estés en la cama lo pierdas de hacer una tabla de abdominales o echarte una buena carrera matutina, que también, sino porque aumenta tu Índice de Masa Corporal (IMC).

Así lo demostró un reciente estudio publicado en la revista Plos One según el cual, dormir más de 10 horas aumenta el riesgo de aumentar nuestro IMC hasta un 30% más que si nos limitamos a las recomendadas 7 mínimas y 9 máximas horas de sueño.

2. Te preparas en la oscuridad. ¿Sabías que levantar las persianas nada más despertarte ayuda a tu cuerpo, incluido tu metabolismo, a activarse y trabajar eficientemente? Ojito, porque una investigación similar a la que anunciaba que pasarnos en horas de descanso aumentaba nuestro IMC, también señaló que las personas que no reciben apenas la ayuda de los rayos de sol nada más levantarse, también se encontraban por encima de su peso y masa recomendados.

Los investigadores aseguraron que con exponernos entre 20 y 30 minutos a la luz solar, incluso en un día nublado, podemos bajar de peso despertando nuestra actividad metabólica adecuadamente. Cuanta más luz despierte a tu metabolismo, mejores resultados conseguirás para tu abdomen.

3. No haces la cama. ¿Cómo que qué tiene que ver? Ata cabos: si dormir bien quema calorías y activarnos nada más despertarnos también, ¿no crees que dejar listo y a punto tu lugar de descanso servirá para espabilarte y dejar el lugar en plenas condiciones para que vuelva a acompañarte en un plácido y dulce sueño adelgazante?

No solo eso. Numerosos expertos en nutrición coinciden en que mantener hábitos saludables como hacer la cama a primera hora de la mañana nos ayuda a ser personas más organizadas y comprometidas con nuestras rutinas… Ergo… Exacto: más disciplinadas y con más fuerza de voluntad para ir al gimnasio o practicar deporte en los momentos del día (o de la semana, tampoco nos pasemos) que tengamos establecidos.

Así no. Toma nota y descubre una nueva y estupenda utilidad del ritual mañanero de hacer la cama | Pixabay

4. Evitas la báscula. Nadie dice que te obsesiones con pesarte mañana, tarde y noche. Pero la ciencia, concretamente investigadores de la Universidad de Cornell, ha demostrado que dejarnos caer y prestar atención a lo que dice la báscula cada mañana después de despertarnos es un hábito más que saludable para comprometernos con perder peso.

Así convertimos el camino hacia la quema de grasas en parte de nuestra rutina y, lo mejor, podemos ver resultados de verdad. Recuerda que pesarte a primera hora, en ayunas y sin ropa, nos da la medida más precisa de nuestro peso real y… ¡la más baja del día!

Sí, aprovecha que después de dormir tu metabolismo está descansado y a tope de energía y tienes menos carga de agua en el organismo para darte una alegría con tu peso o para espabilar y darte cuenta de que quizás tengas que esforzarte un poquito más. Fantástico. Justo ahora que tienes todo el día por delante para ponerte en marcha.

5. Racaneas en el desayuno. En serio, tienes que desayunar. Y no, no vale con un café con leche. Un desayuno equilibrado que contenga fibra, carbohidratos, azúcares saludables y suficientes nutrientes, es el combo perfecto para calmar tu apetito durante muchas más horas de las que crees y poner a tu metabolismo a trabajar en la quema de grasas desde primera hora.

Ya que le has despertado levantando las persianas, dale un pequeño tentempié que le anime a seguir luchando porque mañana por la mañana cuando pases por la báscula, veas los resultados y empieces el día a tope de energía y con unos gramitos de menos.