Con la llegada del calor (y de sus sofocantes olas), muchas son las parejas que sufren una crisis de almohada. Y es que nadie dijo que dormir al lado de otra persona con temperaturas superiores a los 30°C fuese fácil. Hay que pensar que en la época estival todos los seres humanos sufrimos (a diferentes niveles) lo que se llama ‘agotamiento por calor’.

Un cansancio que se produce como consecuencia de la pérdida de agua y sales minerales debido a la sudoración excesiva de nuestro cuerpo. Es por ello que las noches son fundamentales para poder recuperarnos, pero ¿cómo hacerlo si tenemos una estufa humana roncando en nuestro oído?

“Mi pareja es que desprende muchísimo calor”, oigo a menudo. No solo la tuya, amigo. El cuerpo humano (el tuyo también) emite energía que escapa en forma de calor y que, gracias a la tasa de actividad metabólica y la norma UNE-EN ISO 7730, podemos expresar en vatios. Según estos datos (que resultan de unos sencillos cálculos matemáticos), una persona en reposo y tendido desprende unos 83 W. Para que te hagas una idea. Hay bombillas con menor intensidad que son capaces de romper el vidrio que las rodea debido al calor.

Bombillas | EFE

Por lo tanto, dos cuerpos tumbados en una habitación cuya temperatura está a punto de hacer hervir el agua que reposa en tu mesita de noche son una auténtica bomba de relojería. ¿Cómo enfrentarse a las sábanas en pareja? Con inteligencia, querido Watson, que diría Sherlock Holmes.

Abajo persianas

Vuestra habitación debe convertirse en un cuarto oscuro (no seáis malpensados) durante todo el día. Después de airear el dormitorio por la mañana, bajad las persianas y mantenedlas así hasta la hora de dormir. Estas actuarán como un parasol que evitará que aumente en exceso la temperatura del interior.

Lo ideal es que tengáis un termómetro en la habitación para intentar que entre esas cuatro paredes haya una temperatura de entre 17°C y 20°C. El rango ideal para conciliar el sueño según el doctor Ralph Downey, jefe de Medicina del Sueño de la Universidad de Loma Linda (California).

Ventanas cerradas

Existe la creencia de que dormir con ellas abiertas de par en par hará que se refresque la habitación con la bajada de las temperaturas durante la noche. Cierto, aunque no os conviene hacerlo. El problema está en que, sobre las 3 a.m., vuestra temperatura corporal estará en el punto más bajo. En ese mismo momento, la exterior también habrá caído bastante. Eso puede hacer que los músculos de vuestro cuello y cabeza se tensen involuntariamente (debido al brusco cambio de temperatura) y os despertéis.

Adelantad la hora de hacer deporte

Ambos. De nada sirve que solo lo haga un miembro de la pareja. Si practicáis ejercicio varias horas antes (cinco al menos) de iros a la cama, daréis tiempo a vuestro cuerpo para que se enfríe.

Porque, como ya deberíais saber, al ejercitarse, se eleva la temperatura corporal y se retiene más calor todavía. La fórmula del “salgo a correr y a la cama que así estoy más cansado y me duermo antes”, en verano no funciona.

Nada de dormir desnudos

Tentador y adelgazante, pero nada práctico. Si dormís sin ropa no permitiréis que la humedad se evapore entre vuestros cuerpos y el colchón. Lo mejor es dormir con pantalón largo y camiseta de algodón 100 %. Si os rozáis, no estaréis pegajosos. De nada.

Sábanas de seda

Si vuestro presupuesto no alcanza para haceros con unas (ya te aviso de que son caras), lo mejor es que recurráis a las de satén, jersey, percal o de fibras naturales. Su composición permite el paso del aire y evita la humedad.

También podéis haceros con sábanas de poliéster con nanotex (una tecnología impermeable) que hará que no os despertéis en un charco de sudor. Por cierto, quitad cualquier protector o cubre colchón que tengáis. Son una fuente de calor innecesaria.

Meted las sábanas en el congelador

Entre merluza y merluza, hacedles hueco y dejadlas ahí unos 30 minutos. El tacto frío hará que os durmáis en un abrir y cerrar de ojos.

Mantened el perímetro de seguridad

Sé que os gusta hacer la cucharita, pero en verano tendréis que dormir cada uno en un lado de la cama. Y dejando, como mínimo, 15 cm de distancia entre vosotros. Eso permitirá que circule el aire y no os ‘contagiéis calor’. Las mejores posturas son en las que miráis cada uno hacia un lado de la cama. ¿El motivo? De nuevo, no sentir el calor que desprende vuestra pareja.

Podéis cogeros de la mano o entrelazar un poco los pies, pero ya. ¿Romántico? No, pero efectivo al máximo en lo que a comodidad se refiere.

Jamás de los jamases os mojéis

Error de novatos. Ni os echéis agua ni mojéis vuestros pijamas. Eso solo hará que la humedad en la habitación crezca, se vuelva más densa y el ambiente sea cada vez más pesado.

Ventilador modo ON

Nada de aire acondicionado o vuestros músculos se tensarán más que cuando veis a vuestros suegros. Y no os engañéis, que tengáis el respiro del ventilador no significa que podáis abrazaros. Si juntáis vuestros cuerpos, vuestra temperatura corporal subirá, sudaréis y el aire de este aparato os enfriará demasiado. Algo muy perjudicial para vuestros organismos.

Adiós colchón

Aunque no lo creas, trasladar vuestra cama al suelo puede ser una gran idea. Los tapetes de paja o bambú no retienen el calor corporal y podréis dormir como si estuvieseis de camping o de vacaciones. Como vuestra espalda se resentirá solo es aconsejable como último recurso.

¡Felices y frescos sueños!