
CÓMO ACABAR CON EL SÍNDROME DE LA MADRE CULPABLE
Mamá, ¿por qué te vas otra vez a correr y nos dejas solos? ¡No te sientas culpable!
Por mi culpa, por mi culpa… Por mi gran culpa… Me repito cada vez que, a hurtadillas, me escapo de casa para hacer deporte, sobreponiéndome a los ruegos, sollozos y pataletas de mis tres vástagos. "¿Nos lo vas a volver a hacer". "¿Te vas otra vez a correr?" "¿Por qué vas a nadar?" "¡Juega con nosotros!".









